Contando cuentos

Contando cuentos

ARTÍCULO 4

En esa época mi hija pequeña tenía 3 años y su carita era la tristeza personificada, igual que la de su hermana y sus primos. Mi hermana actuaba como una persona perdida en el tiempo y lugar debido al estado en que se encontraba. Yo me mudé a su casa durante varias semanas. Me pidió en una conversación algo que sonó a un ruego, una súplica: por favor… quédate conmigo… no soportaré despertarme sin él y no sé cómo lo haré el día de Reyes (estábamos a 21 de diciembre y a tres días de Navidad). Mis hijas se escondían para llorar y la pequeña me preguntaba ¿por qué mami? ¿por qué él?, estoy hablando con él pero no me escucha. Quiero una alfombra mágica para ir a verlo, que me de un beso y dárselo a mi tía que tiene los ojos muy tristes.

Para mí fue ¡hay que ponerse las pilas! y aprendí a contar cuentos.

Con el tiempo llevé este método a mi trabajo y funcionó!! vaya que sí!!

Yo compartía con mi hermana los sueños que tenía y ella preguntaba -¿por qué a mí no me ocurre lo mismo? Le expliqué que tenía que cambiar su actitud. El no aceptar que él ya no estaba físicamente, es lo que no le permitía verlo. Pasado unos meses logró soñar con él y llegó a la siguiente conclusión: tengo que disfrutar mi vida, sólo es un tiempo de aprendizaje y lo que importa es la esencia, lo que queda cuando nos vamos.

Ese tiempo fue duro, pero hoy puedo decir: “gracias mi amigo del alma”. Fueron muchos mensajes y cada uno de ellos fue un gran regalo!

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