Dejó todo en orden

Dejó todo en orden

ARTÍCULO 5

Cuando me incorporé al trabajo, recuerdo que había un paciente con muy mal carácter. Era raro el día que no provocara una discusión, siempre disconforme con todo y con todos los compañeros. Estaba claro que su enfado era con él mismo. Procurábamos evitarlo en todo lo que podíamos.

Una mañana, a primera hora del turno, lo vi en la puerta de su habitación esperando a que me acercara y me dije: “hoy no estoy para aguantar ésto”. Fui a darme la vuelta y me llamó. Me quedé helada porque no lo conocía, era otro hombre, no había ira en él y me dijo: señorita, quiero pedirle disculpas por mi comportamiento, quiero dejar mis cosas en orden porque voy a morir en dos horas. Por favor dígale a sus compañeros que vengan, quiero pedirles perdón. Nadie quería ir porque no se lo creían, pero fueron. A las dos horas falleció, no había nadie con él, sólo el personal del hospital.

Cuando hubo que prepararlo, mi compañera no quería que yo hiciera ese trabajo, quería evitar que me sintiera mal por lo sucedido en navidad con mi cuñado. Yo había hecho por ella un año antes lo mismo, ella había perdido a tres de sus hermanos en muy poco tiempo.

Decliné su ofrecimiento puesto que tenía que enfrentarme a eso cuanto antes y le dije que era el momento, que ella también lo hiciera, que mi idea era la siguiente: las dos haríamos ese trabajo y que sería un homenaje a nuestros seres queridos que se habían ido.

Mantuvimos silencio mientras hacíamos la labor. Mentalmente le dije al paciente fallecido que se fuera en paz, que había sido valiente disculpándose con todos nosotros. Que era una forma de liberarse de cargas y que no tuviera miedo, que todo estaba bien.

Para mí fue una liberación, sentía tanto respeto por ese hombre, que aún lo recuerdo y se me pone el vello de punta. Simplemente le di las gracias por aliviarme de mis temores y pensé que la misión sólo acababa de comenzar.

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