Los ojos del alma

Los ojos del alma

ARTÍCULO 3

Hace 23 años perdí a una de las personas más importantes de mi vida: el marido de mi hermana, “mi amigo del alma”. Se fue tan rápido que no nos dio tiempo a despedirnos, me dejó en la mayor de las tristezas, le pedí que viniera a mis sueños y su generosidad no tuvo límites, ni siquiera habiendo desencarnado. Y no acudió una, ni unas cuantas, sino muchísimas veces a darme mensajes y consejos. Sólo quiero plasmar en estas líneas uno de ellos.

Un día triste como otros tantos, echaba de menos un abrazo suyo, pero tenía miedo de abrazar a una figura o imagen que luego se desvaneciera y terminara abrazándome yo misma. Esa noche vino al sueño y me dijo: tócame, puedes abrazarme, tengo un “cuerpo físico” para no desaparecer en ese abrazo que tanto temes. Recuerdo que me desperté ahogada por ese abrazo que no me soltaba y del que aún notaba su calor y su presencia… Aunque me asusté por acabar así, continué pidiéndole que viniera a mis sueños y así lo hizo. Me dio un mensaje que llegué a comprender, pero con el paso del tiempo. Me dijo: te voy a dar algo muy importante, algo que te hará muy fuerte y con ello podrás ayudar a muchas personas.

Hoy entiendo que todo esto tenía que ver con el trabajo que desempeño hoy con los pacientes y sus familias. Les digo muchas veces que aprendan a ver con los ojos del alma. También les digo que en los momentos más tristes, cierren los ojos y serán capaces de abrazar a quien se fue.

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